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EVITANDO CONFUSIONES

Tan recurrente a veces es el concepto de Responsabilidad Social Corporativa que muchas veces, intencionada o subconscientemente perdemos de vista su utilidad, y por supuesto de razón de ser. De esta manera entendemos por RSC toda aquella contribución que nuestra empresa hace de manera activa y voluntaria encaminada a la mejora social, económica y ambiental de su entorno.

Y para ello partimos de unas premisas fundamentales. Las acciones que pongamos en marcha deben estar vinculadas a la actividad básica de nuestra compañía, no siendo actuaciones aisladas que en poco o nada coincidan con nuestro objeto social. No se trata pues de desarrollar, utilizando el escaparate de nuestra empresa y de cara a mejorar su situación competitiva y la notoriedad de su marca, eventos de carácter solidario que aisladamente supongan una mejora en nuestro entorno como vía para obtener una mejora en nuestra valoración por parte de la sociedad.

Nuestras acciones de responsabilidad social deben estar siempre englobadas en nuestra actividad, pues sólo de esta manera van a suponer una mejora de nuestro valor añadido, y que sean así percibidas como tales por nuestros clientes internos y externos.

Y por supuesto la RSC que articulemos no debe quedarse en alardear de cumplir las leyes o normativas, algo que por descontado debería ser inherente en todas nuestras políticas sin necesidad de mención externa. No hay Responsabilidad Social sin cumplimiento de la ley, pero aquella para ser considerada como tal deberá ir siempre más allá del simple, y por otro lado esperado, cumplimiento legal. Aunque en ocasiones se confunda.

Eduardo González Naranjo (NEWMANS CONSULTORES)

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